Acoger y Compartir Madre Teresa de Calcuta
 

EL  SECRETO  ATRACTIVO  DE  MADRE  TERESA  DE  CALCUTA


En el día de la beatificación de Madre Teresa te ofrecemos algunas de las preguntas y respuestas de una entrevista  hecha estos días  al  padre Brian  Kolodiejchuk, M.C, postulador de su causa de beatificación y cofundador de la rama sacerdotal de los Misioneros de la Caridad. En el centro de la entrevista late la pregunta:  ¿Cómo pudo una mujer pequeña y frágil convertirse en una de las figuras más destacadas del siglo XX dedicándose a los «más pobres entre los pobres»?

-El pasado 20 de diciembre se hizo público el decreto de reconocimiento de un milagro atribuido a la Madre Teresa. Así, tres meses después de que se cumplieran cinco años de su muerte, se anunciaba la beatificación de la religiosa. ¿Cómo ha sido posible en un plazo de tiempo tan breve?

-P. Brian Kolodiejchuk: La razón principal de un plazo de tiempo relativamente breve ha sido ciertamente la gran reputación de santidad que tuvo la Madre Teresa ya durante su vida. Muchas personas la consideraban santa, e incluso la llamaban «una santa en vida». Era la opinión generalizada, no sólo entre los católicos, sino entre personas de otras religiones e incluso agnósticos.

Los medios de comunicación internacionales siguieron con gran interés su vida y su labor. Muchos admiraban su caridad y amor desinteresado por los pobres. Se convirtió en un símbolo de amor y compasión hacia los más pobres de entre los pobres.

Cuando falleció, el gobierno indio le rindió un gran homenaje con un funeral de Estado al que acudió un importante número de líderes mundiales. Mucha gente de todo el mundo vio el funeral en televisión. Representó un maravilloso tributo a la Madre Teresa y a su reputación de santidad. Pero por encima de todo, fue llorada por la gente corriente, los pobres que habían experimentado su amor maternal. Ellos son los que más dan testimonio de su santidad.

Como consecuencia de esta extendida y sólida reputación de santidad, tras la muerte de la Madre Teresa enseguida la Congregación para las Causas de los Santos (CCS) recibió una «avalancha» de peticiones para que su Causa de Beatificación y Canonización comenzara inmediatamente.

Uno de los primeros requisitos --entre los esenciales-- se verificó cuando en octubre de 1997 el arzobispo de Calcuta, monseñor Henry D’Souza, pidió a la CCS una dispensa de la norma que exige esperar cinco años --desde la muerte-- para iniciar la investigación diocesana sobre la vida, virtudes y reputación de santidad. Catorce meses después, el 12 de diciembre de 1998, la CCS otorgó la dispensa y pudo comenzar la investigación diocesana sobre la Madre Teresa.

Tras completar los pasos preliminares, la investigación diocesana empezó en Calcuta el 26 de julio de 1999, y con ella el período de recabar información: entrevistas con testigos presenciales y revisión de documentación y material concerniente a la vida y labor de la Madre Teresa. La sesión final de la investigación diocesana tuvo lugar el 15 de agosto de 2001. Las actas de dicha investigación se recogen en 80 volúmenes de unas 450 páginas cada uno. Este material se presentó a continuación a la CCS en Roma.

Si bien hubo una excepción al período de espera, no se produjo ninguna otra al proceso formal o cualquiera de sus etapas. La «Positio» sobre las virtudes [una especie de tesis en la que se recopila toda la información pertinente para el reconocimiento de las virtudes heroicas, n. de la r.] se preparó bajo la dirección del relator, monseñor  José Luis Gutiérrez Gómez. Esto, por su puesto, requirió mucho trabajo y esfuerzo. Se realizó un estudio riguroso y detallado de la vida y obra de la Madre Teresa. Fue una labor atractiva y gratificante porque se descubrieron muchos detalles. En abril del 2002, la «Positio» se completó y se entregó al estudio de la CCS.

Todo este trabajo fue posible por la dedicación y el esfuerzo de los que trabajan en la Causa en Calcuta y en Roma y por la generosa ayuda de muchas personas. Pero lo más importante fue la providencia divina. Recibimos la ayuda adecuada en el momento oportuno, y verdaderamente puedo decir que la mano de Dios nos asistió y nos guió en todo el camino.

-Abandonada completamente en Dios, la Madre Teresa hizo del servicio a los demás –a los más pobres, a los olvidados de todos, a los enfermos y moribundos-- su vida. El placer, el éxito, las seguridades y el egoísmo son rasgos propios del presente. ¿Por qué la figura de la futura beata despierta tanta admiración en la sociedad en general?

-P. Brian Kolodiejchuk: El motivo principal del atractivo de la Madre Teresa puede encontrarse en el atractivo del Evangelio mismo. Lo más visible y atractivo en la Madre Teresa fue una vivencia radical del mensaje evangélico. Lo que la hacía tan admirada y valorada no era tanto su elocuencia, dado que de hecho sus palabras eran bastante sencillas, sino más bien su forma de «poner el amor en acción», según enseñó Jesús. Una profunda comprensión y fe en el mensaje evangélico arraigaron en ella, penetrando su ser, y ello se reflejó en su vida. No se permitía transigencias, y en esto su determinación y su valor fueron admirables. Hasta sus críticas llevaban este rasgo. Su vida y su labor dieron autenticidad a sus palabras y esto era lo que la gente buscaba cuando la invitaban a pronunciar discursos o la elegían para distintos premios y honores. Incluso en una sociedad tan secular, la vivencia radical del Evangelio es aún atractiva.

Un aspecto particularmente importante de este atractivo fue el servicio de la Madre Teresa a los más necesitados. Su compasión, atención y servicio efectivo a éstos --los últimos y más pequeños, los no deseados, los no amados-- fueron la expresión de un amor incondicional y abnegado en respuesta a la especial llamada que recibió en 1946: apagar la sed de Jesús de amor y almas.

En una época en que el rechazo a la vida es tan frecuente y la gente es abandonada a causa de la indiferencia, la Madre Teresa llegó como mensajera a cada persona que encontraba: «Dios te ama y te desea, Él te anhela, Él tiene sed de ti». Ella vivió este mensaje abrazando a los más pobres, a los más abandonados, a los menos amados, a los que ya nadie quiere y para los que ya nadie tiene tiempo. Con ella, todos se sentían especialmente amados.

El hecho de que la Madre Teresa genere admiración indica que la gente busca aún lo espiritual. Las personas, a menudo sin saberlo, tienen sed de Dios. Como dice el Santo Padre en su Carta Apostólica «Novo Millennio Ineunte», «la santidad, un mensaje que convence sin necesidad de palabras, es el reflejo vivo del rostro de Cristo». En el nivel más profundo, era la santidad de la Madre Teresa lo que atraía a la gente, y era Su rostro lo que admiraban en ella.

-Al confirmarse la noticia de la beatificación de la Madre Teresa, Sor Nirmala, superiora general de las Misioneras de la Caridad, y usted reconocieron en un comunicado que «su testimonio y su mensaje se consideran preciosos por personas de toda religión como signo de que “Dios aún hoy ama el mundo”». ¿De qué forma impulsa la figura de la Madre Teresa el camino de la unidad y el diálogo interreligioso?

P. Brian Kolodiejchuk: El servicio de la Madre Teresa se dirigía a toda persona sin distinción de casta o credo, raza o nacionalidad. De esta forma, testimonió verdaderamente lo que ella misma proclamaba: «Cada persona es un hijo de Dios, creado para amar y ser amado». Insistía en el hecho de que todos somos hijos del mismo «Padre amoroso» y confiaba en que todos llegarían a conocer esta verdad.

Al mismo tiempo, es importante subrayar que la Madre Teresa tenía un gran respeto hacia todas las religiones, igual que tenía muchos amigos entre fieles de otras confesiones. Sin embargo, nunca transigió con su propia fe. Su autenticidad y transparencia en esto eran muy apreciadas. Respetar la religión de otros implicaba que otros también respetarían la suya, y la gente de hecho respetó sus convicciones religiosas. Dondequiera que fuera, iba como una «misionera», como una monja católica, una mensajera del Evangelio, y era aceptada y respetada como tal. Su presencia era una proclamación de su fe y un testimonio del verdadero rostro de la Iglesia, una amiga de los últimos y más pequeños, como lo era su Señor y Maestro.

Actualmente, en los años posteriores a su muerte, personas de todos los credos, atraídas por su vida y mensaje, acuden a rezar ante su tumba. Asimismo, por toda la India gente de diferentes religiones se reúnen para honrar su vida y obra. Así que la Madre Teresa continúa siendo un factor unificador.

-Agnes Gonxha Bojaxhiu –futura fundadora de las Misioneras de la Caridad-- eligió en religión su nombre encomendándose a Santa Teresa de Lisieux, Patrona de las Misiones. ¿Cuál es el legado de la Madre Teresa para los misioneros del siglo XXI?

-P. Brian Kolodiejchuk: Si bien la Madre Teresa vivió lo que tradicionalmente se conoce como vida religiosa «activa», la oración tenía un lugar primordial en su vocación. La relación de la Madre Teresa con Dios estaba en la raíz de toda su actividad y por esta razón ella era verdaderamente una «contemplativa». Su ejemplo nos recuerda una vez más que toda actividad misionera tiene que comenzar y finalizar en la oración. Oración y sacrificio fueron sus primeras herramientas misioneras, como lo fueron para su patrona, Santa Teresa de Lisieux.

Siempre existe la tentación de reducir la misión a un servicio social. Pero para la Madre Teresa un misionero lo es para ser «portador del amor de Dios». Este mandato fue el único objetivo de toda su actividad apostólica. Se esforzó por revelar el amor de Dios en las situaciones concretas de la vida cotidiana. Alimentar al hambriento, vestir al desnudo, cuidar al enfermo y todo apostolado emprendido fue su manera de transmitir el amor de Dios hacia la persona. La Madre Teresa buscaba el rostro de Cristo en la oración y en el apostolado, y de esta forma se convirtió verdaderamente en una contemplativa en el corazón del mundo. Desde la oración, especialmente desde la Eucaristía, iba a los pobres y desde los pobres regresaba a la oración.

«No estoy llamada a tener éxito, sino a ser fiel», repetía a menudo la Madre Teresa. Era su forma de afirmar su atención en la fidelidad a la misión que se le había confiado, en lugar de perderse en los resultados o en la popularidad que tenía. Su misión hacia los pobres no era una cuestión de prestigio, sino de servicio, de ocupar el último lugar entre sus hermanos y hermanas. Se consumió en un deseo: llevar el amor de Dios a los pobres y necesitados.

Para concluir, el origen y objetivo sobrenatural de toda misión debe tenerse siempre presente, incluso cuando se realizan actividades temporales. En esto la Madre Teresa también es un ejemplo. Todo lo que hizo perseguía el propósito de comunicar el amor de Dios a la gente que ella servía. Ello requiere la primacía de la oración en la vida del misionero. Y en última instancia, sólo la santidad de vida puede entregar completamente el mensaje del amor de Dios.

-La labor fundacional de la Madre Teresa se extendió a religiosas y religiosos activos y contemplativos, sacerdotes y laicos consagrados. También animó a colaboradores laicos a participar en el servicio a los más pobres entre los pobres. ¿No se corre el riesgo de reducir el trabajo de las Misioneras de la Caridad a una mera asistencia social, aunque sea de grandes resultados?

-P. Brian Kolodiejchuk: La Madre Teresa a menudo decía que no somos trabajadores sociales, aunque llevemos a cabo un trabajo social; y añadía: «Lo hacemos por alguien». Con ello quería decir que era a Jesús a quien se dirigía su humilde servicio. En la base de esta afirmación está lo que ella llamaba «el Evangelio en los cinco dedos», porque contaba con los dedos de la mano las palabras de Mateo 25, 40 : «A mí me lo hicisteis». En cada servicio que desempeñaba, ella conservaba esta verdad en su corazón. Era con Jesús con quien estaba en la oración, era Jesús a quien tocaba en los pobres, era Jesús a quien encontraba en cada persona. Llegó a ser verdaderamente una «contemplativa en el corazón del mundo», alguien que percibe, reconoce y sirve a la presencia de Dios en toda persona y en cada circunstancia.

La Madre Teresa nunca se perdió en los resultados, aunque fueron considerables. Lo importante para ella era la persona que tenía enfrente en el momento presente, la persona que necesitaba amor y atención AHORA. Estaba profundamente convencida de que todos sus logros eran «obra de Dios» y de que Dios utilizaba «su nada para mostrar Su grandeza». Y cuando hablaba de resultados, era sólo para señalar las maravillas que «Dios estaba haciendo». Era capaz de mantener una dimensión contemplativa en su labor, y ello fue su protección en cuanto a hacer solamente un servicio social, aún siendo éste digno de elogio.

-Algunos critican el hecho de que la Madre Teresa atendiera a los marginados, pero no dirigiera su actividad a cambiar las estructuras sociales. ¿Qué motivaba esta actitud de la religiosa?

-P. Brian Kolodiejchuk: Toda la vida de la Madre Teresa estuvo centrada en responder la llamada que recibió de Dios en 1946. Desde el 10 de septiembre de aquel año, tuvo encuentros místicos con Cristo. El resultado de ellos fue la fundación de las Misioneras de la Caridad. Estas experiencias de gran trascendencia fueron la razón última y el motivo de su servicio a los pobres. Era muy consciente de esto. Así que su preocupación fundamental era seguir la llamada recibida de Cristo, que para ella no incluía una llamada a cambiar las estructuras sociales. Su misión era llevar el amor de Dios a los más pobres de entre los pobres a través de su humilde servicio. Fue llamada a entrar en el mundo de la pobreza y llevar la buena nueva del amor de Dios a los pobres, no a resolver los problemas políticos, económicos y sociales del mundo. Era muy consciente de esto y no transigía con este principio por ninguna razón. En una ocasión dijo: «Si me mezclo en política, no tendré tiempo para amar».

Por lo tanto, la razón de no involucrarse directamente en la labor de un cambio social era que la Madre Teresa estaba siguiendo su verdadera vocación. Tenía una misión hacia un particular grupo de personas y se centraba en un área particular de servicio a los pobres. Sabía que no podía hacer todo, pero se esforzaba por hacer todo lo posible donde había sido llamada. A menudo decía: «Lo que yo puedo hacer tú no puedes, lo que tú puedes hacer yo no puedo, pero juntos podemos hacer “algo precioso para Dios”». Mientras otros trabajan legítimamente para cambiar las estructuras sociales, ella estaba resuelta a ofrecer ayuda efectiva e inmediata a los más pobres de entre los pobres, los más necesitados. Es necesario facilitar a la gente una caña de pescar, pero alguien tiene que preocuparse de ofrecerles un pescado para que tengan fuerzas para sujetar la caña.

-¿Cómo armonizó la Madre Teresa la vida de la contemplación con la vida del servicio?

-P. Brian Kolodiejchuk: La Madre Teresa pudo armonizar contemplación y servicio teniendo presente el propósito y razón última de la existencia de su Congregación. Lo explicó en 1947: «El propósito de las Misioneras de la Caridad es saciar la infinita sed de amor y almas que tiene Jesús en la Cruz» «trabajando para la salvación y santificación de los más pobres de entre los pobres». Saciar la sed de Jesús de amor y almas era la motivación de todo lo que la Madre Teresa hizo. Este objetivo nunca abandonó su mente ni su corazón. Todas sus energías se dirigían a él. La sed de Jesús atravesaba todos los aspectos de su vida, en su oración y en el servicio. Éste fue el carisma que recibió y naturalmente todo giraba en torno a él.

Para mantener el equilibrio entre oración y acción, la vida de las Misioneras de la Caridad pide unas cuatro horas de oración al día. La Madre Teresa se mantuvo excepcionalmente fiel a los momentos de oración. Su día empezaba con oración, meditación y la Santa Misa, que consideraba los momentos más importantes de su día. Después de recibir a Jesús en la Eucaristía, acudía a servirle en los más pobres de entre los pobres. La oración era su momento para unirse a Jesús, para escucharle, para entregarse a Él, para encontrar Su voluntad en todo lo que hacía. La segunda parte más importante de su día era una hora de adoración Eucarística. No se la perdía salvo por causa grave. A veces ello representaba un esfuerzo extraordinario. Tras largos y agotadores viajes o incluso cuando tenía problemas de salud, aún empleaba tiempo en la oración.

El Rosario era uno de los más importantes y sencillos métodos de la oración de la Madre Teresa. María fue su compañía inseparable para ayudarla a vivir en la presencia de Dios y vivir los misterios de Cristo. Lo rezaba en la capilla, en las calles, en el autobús o en el avión. Para ella era una manera esencial de reflexionar en los misterios de la vida de Jesús y María y para estar en oración continuamente. A menudo se la veía con el Rosario en la mano, que para ella era un recordatorio de la presencia de Nuestra Señora y de la íntima relación que alimentaba con la Madre de Dios.

-Teniendo en cuenta que era una mística, ¿piensa que es un modelo?

-P. Brian Kolodiejchuk: Sí, desde luego. Aunque su experiencia mística de oscuridad no fue realmente de la misma naturaleza que nuestra oscuridad --que frecuentemente se debe a nuestra pérdida de fervor o virtud, a la mediocridad y al egoísmo--, la Madre Teresa da ejemplo de cómo vivir nuestra propia experiencia de oscuridad. Ella lo aceptó con una entrega completa a la voluntad de Dios y con confianza en Su cuidado amoroso incluso cuando no sentía Su cercanía. En última instancia, era el amor a Dios y al prójimo lo que le movió a aceptar la oscuridad interior como un don.

Vivir en la oscuridad significó por un lado compartir los sufrimientos de Cristo, y por otro lado compartir la pobreza de los pobres. La Madre Teresa frecuentemente repetía que la mayor pobreza es no ser amado, no ser querido, estar abandonado, y esto es lo que ella estaba experimentando espiritualmente. Había dicho en una ocasión que la situación material de los pobres era la imagen de su estado interior. Ella vivía la pobreza material en solidaridad con los pobres materialmente hablando, y vivía la pobreza espiritual, a través de la oscuridad --tal como descubrimos durante el proceso de beatificación--, en solidaridad con los pobres espiritualmente hablando. Pudo tocar la pobreza interior más profunda porque ella misma la había experimentado. Esta es la dimensión mística de su servicio a los pobres.

Su forma de participar en la Cruz de Cristo es un ejemplo para todos nosotros de cómo llevar nuestras cruces con amor y ofrecer nuestro sufrimiento por la salvación y la santificación de otros. Por esta razón, el tema elegido para la ceremonia de la beatificación es «Ven, sé mi luz». La luz que su vida nos proporciona no es sólo la luz de la caridad hacia los pobres, sino también la luz que viene de su ejemplo al llevar su propia cruz, particularmente en sus sufrimientos interiores.

-En su opinión, ¿cuál es el mensaje central de la Madre Teresa para el mundo? ¿Y para los cristianos?

-P. Brian Kolodiejchuk: La Madre Teresa recuerda al mundo que «Dios está». Ella se sitúa como un testimonio de una sólida fe en Dios y de la felicidad y satisfacción que vienen de una vida centrada en Dios. Esa misma fe en Dios era la base de su amor hacia cada ser humano, a quien consideraba «mi hermano, mi hermana». Continuamente insistía en el valor de toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, y subrayaba la dignidad de cada persona como un hijo de Dios hecho para grandes cosas, para amar y para ser amado.

Para los cristianos, la Madre Teresa es un recordatorio de que sólo estando unidos a Cristo podemos dar fruto, tanto en nuestra propia vida como en nuestro servicio a los demás. «La santidad no es un lujo de unos cuantos, sino un sencillo deber para mí y para ti», repetía muy a menudo la Madre Teresa, y éste es el mensaje que nos deja a todos.        

                            ROMA, 9 octubre 2003 (ZENIT.org)

 
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16 Enero, 2006
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