Indignación por las conclusiones de la Cumbre Climática de Durban

Publicado en Vida Nueva el 09.12.2011

Piden garantizar los derechos de los más pobres al grito de “Justicia climática, ahora”

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA | Aunque al cierre de esta edición faltaban por conocerse las conclusiones de la 17ª Cumbre del Clima que, organizada por la ONU, ha transcurrido del 28 de noviembre al 9 de diciembre en Durban (Sudáfrica), las diferentes instituciones de Iglesia presentes en el encuentro internacional mostraban claramente su sentimiento de decepción y frustración.

Desde Justicia y Paz, su secretaria general en España, Isabel Cuenca Anaya, declaraba a Vida Nueva que, al igual que la firma del Protocolo de Kioto deparó esperanzas en 1997, por comprometerse de un modo vinculante los países desarrollados –excepto potencias como EE.UU. y China– a reducir la emisión de gases contaminantes, ahora que ha llegado el momento de que se fije un nuevo marco que lo reemplace a partir del año que viene y que debería culminarse en 2020, las posiciones permanecen estancadas.

Y es que, a falta de la declaración final, países como Rusia, Japón y Canadá se negaban a establecer un nuevo pacto que no incluyera, de un modo legal, a China, India y EE.UU, por ser estos los mayores emisores de gases de efecto invernadero.

Estos posicionamientos, que solo muestran la “poca voluntad política de los países con economías fuertes” a comprometerse con un modo de producción que no dañe el medio ambiente, son calificados por Isabel Cuenca como “una estrechez de miras alarmante”, puesto que “el planeta está al borde del precipicio. El consumo excesivo de unos pocos países está llevando a la Tierra a una situación de deterioro que, como no se actúe a tiempo, hará imposible su recuperación”. Especialmente, para los países más pobres, con menos recursos para combatir sus consecuencias.

Una autoridad mundial por el bien común

La representante de Justicia y Paz, que califica la situación de “indignante”, cree que una posible solución sería “caminar hacia una autoridad mundial que estuviese al servicio de todos los países y que tuviese como objetivo trabajar por el bien común”.

Se trata de “una idea que viene siendo defendida por los últimos papas”, en la que ha incidido últimamente el actual Pontífice, y que tendría como fin “la consecución de un orden mundial más justo que cambie el sistema económico actual para que la economía esté al servicio de todos los hombres y sea respetuosa con el medio ambiente”.

Con la misma claridad se empleó el cardenal hondureño Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas Internationalis, al frente de una representación de hasta 20 delegaciones nacionales de la entidad eclesial, entre ellas, de España.

El 3 de diciembre, los propios delegados de Cáritas, convocados por la red de organizaciones católicas CIDSE, se manifestaron en Durban al grito de “Tenemos fe. ¿Qué queremos? Justicia climática. ¿Cuándo la queremos? Ahora”.

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